martes, 14 de junio de 2011

Homo Cybersapiens La inteligencia artificial y la humana

Introducción:
Vienen los robots
 De acuerdo con un criterio biológico, el hombre es un animal superior. Más exactamente, es un vertebrado, mamífero, placentario, primate, cuya característica más destacada puede ser el gran desarrollo del neoencéfalo. Su origen, el de la especie Homo sapiens sapiens, cada vez puede establecerse con más precisión. Desde que surgió, la especie humana se ha extendido por la práctica totalidad del planeta, colonizando los rincones más insospechados. Todo el globo parece ser su posible hábitat. Según otros puntos de vista, se ha definido al hombre como bípedo implume, mono desnudo, caña pensante, imposible metafísico, pasión inútil, necedad atareada, ser de fronteras, animal perverso, un espíritu en el mundo, cisma evolutivo, soledad incomunicable, animal capaz de prometer, elemento anónimo de una estructura, ordenador superprogramado, error cósmico... En el fondo, sigue siendo un desconocido. Clásicamente, la primera diferencia fundamental entre el hombre y el resto de los animales se ha cifrado en su inteligencia, de manera que por ella se definía al hombre: era un animal racional. La racionalidad, hasta ahora, parecía un refugio seguro para señalar la diferencia y la supremacía del hombre. Sin embargo, los últimos tiempos han visto esta ciudadela atacada al surgir la denominada Inteligencia Artificial. No faltan voces abundantes que señalan que el oficio de pensar ya no es exclusivo de los humanos. La pregunta: ¿piensan los ordenadores?, cada día resulta menos una lejana interrogación teórica y más una cercana y vital cuestión práctica. Ya no se trata de discusiones hipotéticas, como en la cuestión que el matemático Euler se propusiera dilucidar en el siglo XVIII 1 . En muchos laboratorios, y en algunas aplicaciones técnicas muy desarrolladas, los ordenadores están realizando cosas extraordinariamente cercanas a las que el hombre es capaz de hacer, y de una manera muy semejante. La pregunta sobre si cabe llamar pensamiento a lo que hace el ordenador no se plantea en cerrados cenáculos filosóficos, sino que está al orden del día en publicaciones especializadas o en otras de gran difusión, incluso en los medios de comunicación de masas, también en el cine. Igualmente sucede con la cuestión acerca de qué significa pensar en el caso del hombre y qué similitudes y diferencias existen entre lo que hace el hombre y lo que hacen algunos ordenadores. Esas cuestiones son fáciles de resolver con los ordenadores, cuyo uso está más difundido, pues no dejan de ser máquinas muy rápidas, pero también bastante «tontas». Sin embargo, no es nada fácil llegar a una conclusión tan clara en el caso de algunas realizaciones especializadas existentes; más aún si se consideran las posibilidades por desarrollar de las que parecen capaces. Los esfuerzos del hombre por fabricar máquinas que imiten su propia forma de pensar han alcanzado unos éxitos que parecían inconcebibles. Hasta tal punto es así, que existe una fuerte corriente de investigadores que consideran inexistente la diferencia entre la mente humana y la Inteligencia Artificial. Sostienen, en síntesis, que las máquinas piensan, de modo pleno y con todas sus consecuencias. Este numeroso grupo —denominado partidario de la Inteligencia Artificial fuerte— no carece de argumentos de peso. Estos autores tienen bastantes realizaciones prácticas que mostrar, que son las mejores razones y las más insoslayables. Si hubiera que creer a los medios de comunicación, la victoria definitiva de la máquina pensante sobre el hombre se ha dado ya, fue a finales del pasado milenio, en mayo de 1997. Ese mes, el mundo entero pudo enterarse de que una máquina denominada Deep Blue había vencido en torneo a Kasparov, entonces campeón del mundo de ajedrez. El resultado (3,5 para Deep Blue; 2,5 para Kasparov) consumaba la victoria de la rápida inteligencia electrónica frente a la inimaginable cantidad de lentas neuronas humanas. Los comentarios fueron abundantes y variados. La publicidad para la empresa de informática que fabricó la máquina también fue considerable. Al margen de montajes publicitarios, lo cierto es que la abundancia de resultados constituye el mejor argumento de los que igualan la Inteligencia Artificial a la humana. Los frutos que rinde la investigación se multiplican y abarcan un número cada vez mayor de operaciones consideradas inteligentes, exclusivas y propias del hombre hasta el momento. Por ello se ha podido escribir: «En todas las frases del tipo “es imposible que un autómata lleve a cabo X”, se puede sustituir la palabra “autómata” por la palabra “hombre”. Hasta ahora, la búsqueda de la superioridad experimental psicológica del hombre por encima de las posibilidades que tienen en principio los autómatas no ha dado resultado. Por tanto, aún no se ha conseguido encontrar alguna función que el hombre pueda realizar pero que no pueda realizar un autómata suficientemente complicado» 2 . He de avisar que, en gran parte, estoy de acuerdo con la anterior afirmación: son muchas las operaciones que hasta ahora atribuíamos en exclusiva a nuestra inteligencia que las máquinas son capaces de hacer. Por lo tanto, no trataré de negarlo para hacer una inoperante defensa de la inteligencia humana. Habrá que ver si hacemos alguna operación que podamos llamar inteligente, como algo exclusivo del Homo sapiens sapiens. Puede que incluso nos sirva para aprender la mejor forma de llegar a ser verdaderamente inteligentes, si ello es posible. Pero sigamos. Los resultados obtenidos en Inteligencia Artificial, con ser abundantes, no constituyen sin embargo lo principal. Más importantes que los productos son los sueños: las expectativas, esperanzas e ilusiones que despierta. Mueven más las utopías que los hechos. Con la Informática y la Inteligencia Artificial hay todo un continente recién descubierto; una tierra virgen por hollar. Se avizoran panoramas inmensos, en los que hay que abrir nuevos caminos. Con la informática, y las máquinas racionales, comienza una nueva revolución industrial que cambiará nuestra forma de vivir, de estar en el mundo. Surgen quimeras, criaturas nunca vistas que habitan las nuevas tierras. Renace el espíritu del pionero, del conquistador, en un nuevo mundo que estamos inventando. Es la nueva frontera. Es tal el entusiasmo que suscita en muchos la Inteligencia Artificial que se discute seriamente si los artefactos que poseen propiedades inteligentes antes atribuidas al hombre deben ser considerados personas o no, con tratamiento y derechos equivalentes. También se ha propuesto considerar a las máquinas racionales como una suerte de hermanos 3 que hemos fabricado, o incluso como hijos mentales 4 . «Son criaturas nuestras, son mejores que nosotros, con mayores cualidades y menos limitaciones; son la siguiente etapa de la imparable evolución de la vida en la tierra». Esta afirmación no extrañaría si la escribiera uno de esos entusiastas divulgadores de los avances informáticos, que rondan la ciencia-ficción en lo que escriben, borrachos de euforia 5 . Adquiere más peso si la expresa uno de los pilares de la Inteligencia Artificial, Marvin Minsky, que durante muchos años ha sido el gran promotor de la investigación informática en el MIT (Massachusetts Institute of Technology) y ha decidido el destino de muchos de los millones de dólares dedicados a investigar en este campo. Vale la pena transcribir el resto de sus palabras: «¿Serán los robots los herederos de la Tierra? Sí, pero serán hijos nuestros. Debemos nuestras mentes a las muertes y a las vidas de todas las criaturas que han participado en la lucha que llamamos evo lución. Nuestra tarea consiste en velar para que todo ese trabajo no acabe en puro desperdicio sin sentido» 6 . A bote pronto, estas afirmaciones pueden parecer exageradas; lo más sensato quizá sea rechazarlas sin más consideraciones. Sin embargo, el problema sigue consistiendo en ver si tienen base firme sobre la que apoyarse; y el caso es que la poseen. Insisto en que las realizaciones de la Informática y de la Inteligencia Artificial son notables. De ninguna manera pueden ser ignoradas. Por eso me parece que no es un problema —el de si las máquinas piensan— que quepa resolver de un plumazo con la simple negativa. No cabe tampoco un planteamiento superficial y como de pasada que concluya asimismo por negar el pensamiento a las máquinas. Ciertamente, esta postura brindaría la solución más fácil y cómoda para salvaguardar la singularidad humana —la racionalidad— que las máquinas amenazan. Sin embargo, tiene el inconveniente de ser una solución falsa, de las que acaban produciendo dos bandos enfrentados de forma más o menos visceral. El problema no se resuelve, la pregunta queda sin respuesta, y sólo quedan dos posturas radicalmente contrapuestas en un continuo diálogo de sordos. Tampoco me parece de recibo dirimir la cuestión señalando las deficiencias de la Inteligencia Artificial: el problema no se plantea por las deficiencias, sino por los logros. También hay hombres que muestran deficiencias de pensamiento, pero no por ello afirmo que no piensan en absoluto, o que no son humanos. Insisto en que el problema viene por lo que hacen las máquinas, no por sus limitaciones. Permítase mostrarlo con una comparación: la esencia del razonamiento consiste en decir que el avión de los hermanos Wright no vuela en realidad, o no lo hace en sentido propio, porque vuela poco y mal, sin la facilidad de los pájaros. Pero el problema no está en considerar si las limitaciones del aparato que voló en la playa de Kitty Hawk eran más o menos grandes, sino en si efectivamente voló. Y el fondo del asunto consiste precisamente en averiguar si se puede llamar o no volar a lo que en efecto hizo; porque si lo hizo, nada importa que lo hiciese con más o menos habilidad, aparte de que siempre es posible mejorarlo una vez que ya se sabe hacer. De manera semejante, no basta con decir que las máquinas piensan poco y mal si lo que se está tratando de averiguar con exactitud es si piensan o no en absoluto. Es bien cierto que muchos de los resultados de la investigación en Inteligencia Artificial muestran limitaciones evidentes. Resulta muy claro que la capacidad de los ordenadores para imitar el comportamiento inteligente del hombre tiene notables lagunas. Sin embargo no es menos cierto que, con todas esas limitaciones, los ordenadores están consiguiendo paulatinamente realizar cada vez más tipos de operaciones que hasta hace muy poco se consideraban propias del animal racional que es el hombre. Además, las deficiencias cada vez se van reduciendo y el avance se realiza con progresiva rapidez en numerosos ámbitos. Por ello aquí tampoco insistiré en las evidentes lagunas, ya que correría el riesgo de verlas, en muchos casos, prontamente cubiertas. Otra postura que me parece insuficiente es responder que la cuestión de si la Inteligencia Artificial es o no pensamiento resulta demasiado teórica. El tiempo debe gastarse en obtener aplicaciones prácticas de interés económico. Es una forma de plantear el tema, a veces corriente entre los que se dedican a desarrollar aplicaciones prácticas de Inteligencia Artificial, y ven muy de cerca las limitaciones de los productos que de hecho alcanzan el mercado. Responde a una mentalidad pragmática, que no entra al fondo de la cuestión: se evita indicando que será muy difícil alcanzar la complejidad del cerebro. En el fondo, no se niegan las afirmaciones de los partidarios de la Inteligencia Artificial fuerte, sólo se ve una diferencia cuantitativa, de complejidad y número mucho mayor de neuronas y conexiones en el cerebro. No consideran, sin embargo, que pueda existir también una diferencia cualitativa más fundamental. En cualquier caso, evitan el planteamiento radical del problema, quizá por considerarlo poco práctico. Por último, también considero precipitada la respuesta de los que se limitan a señalar que los ordenadores sólo hacen lo que el hombre ha puesto en ellos mediante los programas. No son, por tanto, inteligentes por sí mismos. Sería equivalente a decir que un niño no es inteligente porque sólo sabe las matemáticas que se le han enseñado; o porque no ha generado ningún conocimiento de los que tiene en su cabeza, porque todos los ha recibido en la «programación» que se le ha dado en la escuela. Con ese criterio únicamente llegarían a ser considerados inteligentes los que generan conocimientos nuevos. Alguien muy estricto quizá limitaría la lista de personas inteligentes a la de los Premios Nobel o algo semejante. En el fondo, la cuestión de la inteligencia no es esa. Decimos más bien que, porque un niño es inteligente, puede llegar a saber matemáticas, si se le enseñan. Eso no sucede con una lechuga, ni con un chimpancé. Si podemos conseguir de un ordenador que haga matemáticas, habrá que concluir que es inteligente 7 . La postura que aquí adoptaré es diferente de las expuestas. Más bien considero que, con palabras ajenas, «tal vez la única forma verdaderamente racional, y coherente con la dimensión intelectual del hombre, de llegar a establecer esas diferencias entre persona y máquina sea la de llevar al límite esas indagaciones» 8 . En estas páginas, pretendo entrar en la polémica para ver si aún se puede decir que hay algo propio del hombre respecto de lo que llamamos pensar. A la vez intentaré establecer qué sea ello, si existe. El problema es serio y hay que plantearlo como tal, con toda la carga que tiene y llegando a las últimas consecuencias. Si resulta que no soy muy diferente de una máquina, habrá que pechar con ello. Ahora bien, si resulta que soy distinto, saber con exactitud en qué consiste la diferencia será una ayuda enorme para averiguar qué es el pensamiento y, como consecuencia, qué es el hombre. No basta una afirmación genérica del tipo: yo no soy una máquina, estoy vivo y soy persona. Hay que aclarar con precisión lo que es el hombre, es decir, lo que somos cada uno. Sólo así, de camino, podremos saber nuestro papel en el universo: conociendo con exactitud nues tros talentos y posibilidades, de las que resultan nuestras tareas y responsabilidades. La cuestión se abordará aquí sólo en lo que a la inteligencia se refiere. Enfrentar la tarea compensa sobradamente, porque estoy convencido —y sirva de advertencia al lector sobre mi propósito— de una verdad que diré con palabras de Marina: «Las ciencias más activas —la física, la neurología, las ciencias de la computación y de la inteligencia artificial, la lingüística— están proporcionando datos para construir una nueva teoría de la inteligencia creadora, que será, al mismo tiempo, una pedagogía de la creación, es decir, del modo humano de ser libre» 9 . Hay que intentarlo, aunque no sea una labor fácil. Porque todavía son ciertas las palabras con que Ionesco comenzó su diario: «No todo es inexpresable con palabras, sólo la verdad viviente». Queda una última advertencia de interés para la navegación por el libro: el primer capítulo se dirige a aquellos que conocen menos los avances en Inteligencia Artificial. Para tener una idea aproximada de lo que estos hallazgos han supuesto, junto con los problemas teóricos a los que han dado lugar al hablar del pensamiento humano, conviene empezar con una breve relación histórica. No tiene pretensiones de ser exhaustiva, ni siquiera rigurosa; sólo intenta trazar un esbozo que pueda servir como entramado básico de referencia para la exposición posterior. A la hora de relatar los hallazgos de la Inteligencia Artificial, he de avisar que procuraré más bien exagerar su alcance, que disminuirlo. Esto con un doble propósito: en primer lugar, para no quedar anticuado antes de tiempo, ya que los progresos son continuos. En segundo lugar, y es algo que tiene más interés, para que, si encuentro algo que es propio y singular del pensamiento humano, la diferencia no sea cuantitativa, sino claramente cualitativa respecto de lo que hacen las máquinas 10
1.       EULER, L., Enodatio quaestionis: Utrum materiae facultas cogitandi tribui possit nec ne? ex principiis mechanicis petita, en «Opuscula varii argumenti», Hande&Spener, Berlin 1746, vol. I, pp. 277-286. Cfr. ARANA, J., La mecánica y el espíritu, Editorial Complutense, Madrid, 1994, pp. 191-204.
2.       2. STEINBUCH, K., Principios de una antropología cibernética, en GADAMER y VOGLER, Nueva antropología, Vol. I, Omega, Barcelona, 1975, pp. 56-57.
3.       POLLOCK, J., My brother, the machine, en «Nous», 22 (JE, 1988) pp. 173-211.
4.        MORAVEC, H., Mind children. The future of robot and human intelligence, Harvard University Press, Cambridge, MA, 1988. Cfr. MORAVEC, H., Robot: Mere Machine to Transcendent Mind, Oxford University Press, Oxford, 1998; KURZWEIL, R., The Age of Spiritual Machines, When Computers Exceed Human Intelligence,Viking, 1999; McCORDUCK, P., The universal machine: Confessions of a technological optimist, McGraw-Hill, New York, 1985.
5.       Así por ejemplo: BERRY, A., La máquina superinteligente. Una odisea electrónica, Alianza, Madrid, 1983.
6.       MINSKY, M., ¿Serán los robots quienes hereden la tierra?, en «Investigación y Ciencia», XII-1994, p. 92. Ver también MAZLISH, B., The fourth discontinuity. The Co-Evolution of Humans and Machines, Yale University Press, New Haven, 1993 (La cuarta discontinuidad. La coevolución de hombres y máquinas, Alianza, Madrid, 1995).
7.       Una acumulación de argumentos contra la Inteligencia Artificial que considero insuficientes puede verse en: DREYFUS, H.L., What computers can’t do: A critique of artificial reason, Harper & Row, New York, 1972; DREYFUS, H.L. y DREYFUS, S.E., Mind over machine: The power of human expertise in the era of the computer, The Free Press, New York, 1986; DREYFUS, H.L., What computers «still» can’t do: A critique of artificial reason, MIT Press, Cambridge, MA, 1992.
8.       VV. AA., ¿Es posible una inteligencia artificial? Perspectivas filosóficas, en «Atlántida», 7, Julio-Septiembre 1991, p. 13.
9.       MARINA, J.A., Elogio y refutación del ingenio, Anagrama, Barcelona, 1992, p. 243.
10.   Debería terminar con un capítulo de agradecimientos, que omito porque la relación sería demasiado larga. Sin embargo, no puedo dejar de mencionar, aunque sea en nota a pie de página, al Prof. Leonardo Polo, que tuvo la paciencia de leer el original y, después de hacerme valiosas observaciones, me animó a ponerlo en condiciones de ser publicado. También estaré agradecido al lector que envíe opiniones, sugerencias o discrepancias a la dirección: tirsodeandres@teleline.es.

De Andrés, Tirso. Homo Cybersapiens La inteligencia artificial y la humana. España: EUNSA, 2004. p 11-18. http://site.ebrary.com/lib/unimetsp/Doc?id=10050194&ppg=15

viernes, 10 de junio de 2011

¿Qué es la inteligencia artificial?

Introducción
Existen muchas formas de definir el campo de la inteligencia artificial.
He aquí una:
El estudio de las computaciones que permiten percibir, razonar y actuar.
En esta unidad, aprenderá sobre la importancia de la inteligencia artificial, como una rama de la ingeniería y como un tipo de ciencia.
Conocerá algunas de las aplicaciones de éxito de la inteligencia artificial y, finalmente, estará al tanto de los criterios que puede utilizar para determinar si los trabajos en inteligencia artificial tienen éxito o no.

Zambrano, D. (2009). ¿Qué es inteligencia artificial?. Argentina: El Cid Editor. Obtenido el 08 de junio de 2010, de http://site.ebrary.com/lib/unimetsp/Doc?id=10317229&ppg=4.

El paradigma del super cerebro o metasistema. ¿La profecía de la ciencia ficción o la predicción cibernética autocumplida?

Presentación
Este ensayo sobre el paradigma del supercerebro o metasistema, trata de ser coherente con la temática planteada de modo que la mejor manera de leerlo es en línea, puesto que en vez de las clásicas referencias bibliográficas se le han insertado hyperlink a distintas URL, que contienen información respecto de las fuentes en que se nutrió el trabajo mismo, ya sea glosario de términos como páginas Web, pointers a nodos y archivos que a su vez, abren la puerta a un número insospechado de nuevas conexiones. Para aquellos lectores que no están familiarizados con Internet, se sugiere como lectura introductoria el epílogo de este trabajo.

Ocampo Ercilla, Carlos. (2006). El paradigma del super cerebro o metasistema. ¿La profecía de la ciencia ficción o la predicción cibernética autocumplida?. Argentina: El Cid Editor. Recuperado el 08 de junio de 2011, de http://site.ebrary.com/lib/unimetsp/Doc?id=10146220&ppg=3.

Robótica e inteligencia artificial

Introducción.
En este trabajo desarrollaremos los temas de Robótica e Inteligencia Artificial, a continuación daremos una definición de estos dos temas.
La noción de robótica atiende a una idea de estructura mecánica universal capaz de adaptarse, como el hombre, a muy diversos tipos de acciones. La robótica, en sentido general abarca una amplia gama de dispositivos con muy diversas cualidades físicas y funcionales asociada a la particular estructura mecánica de aquellos, a sus características operativas y al campo de aplicación para el que sea concebido.
Todos estos factores están íntimamente relacionados, de forma que la configuración y el comportamiento de un robot condicionan su adecuación para un campo de aplicación especifico. La robótica se apoya en gran medida en los progresos de la microelectrónica y la microinformática, así como en nuevas disciplinas como el reconocimiento de formas y la inteligencia artificial.
En cambio, la Inteligencia Artificial o IA en Español (AI en Inglés), es una ciencia perteneciente a la rama de la Cibernética, que estudia el mecanismo de la inteligencia humana con el fin de crear máquinas inteligentes, capaces de realizar cálculos y de "pensar", elaborar juicios y tomar decisiones.
Sus orígenes se remontan miles de años atrás, pues en casi todas las mitologías existe algún tipo de "máquina" divina o casi divina de éstan aturaleza. Definir su comienzo en la Edad Moderna y Contemporánea es muy difícil pues son muchos los inventores y genios que han ido contribuyendo a crear éstas máquinas, Leonardo Da Vinci, Blas Pascal, Charles Babbageo Alan Turing y uno cometería grandes errores e injusticias. No obstante, son muchos los especialistas en computación que en las últimas décadas consideran como primera máquina inteligente a la "máquina de Turing", creada por Alan Turing. En el trabajo que presentare a continuación se tratará de resaltar las características principales de estos dos temas, además veremos cómo se fusionan estas dos ramas de la tecnología.

Chong, Marisol. (2009). Robótica e inteligencia artificial. Argentina: El Cid Editor. Obtenido el 08 de junio de 2011, de http://site.ebrary.com/lib/unimetsp/Doc?id=10316298&ppg=4.

Inteligencia artificial

Introducción.
La Inteligencia Artificial comenzó como el resultado de la investigación en psicología cognitiva y lógica matemática. Se ha enfocado sobre la explicación del trabajo mental y construcción de algoritmos de solución a problemas de propósito general. Punto de vista que favorece la abstracción y la generalidad.
La Inteligencia Artificial es una combinación de la ciencia del computador, fisiología y filosofía, tan general y amplio como eso, es que reúne varios campos (robótica, sistemas expertos, por ejemplo), todos los cuales tienen en común la creación de máquinas que pueden "pensar".
La idea de construir una máquina que pueda ejecutar tareas percibidas como requerimientos de inteligencia humana es un atractivo. Las tareas que han sido estudiadas desde este punto de vista incluyen juegos, traducción de idiomas, comprensión de idiomas, diagnóstico de fallas, robótica, suministro de asesoría experta en diversos temas.
Es así como los sistemas de administración de base de datos cada vez más sofisticados, la estructura de datos y el desarrollo de algoritmos de inserción, borrado y locación de datos, así como el intento de crear máquinas capaces de realizar tareas que son pensadas como típicas del ámbito de la inteligencia humana, acuñaron el término Inteligencia Artificial en 1956.
Trabajos teóricos fundamentales fueron el desarrollo de algoritmos matemáticos por Warren McCullock y Walter Pitts, en 1943, necesarios para posibilitar el trabajo de clasificación, o funcionamiento en sentidogeneral, de una red neuronal. En 1949 Donald Hebb desarrolló un algoritmo de aprendizaje para dichas redes neuronales creando, en conjunto con los trabajos de McCullock y Pitts, la escuela creacionista. Esta escuela se considera hoy como el origen de la Inteligencia Artificial, sin embargo se trató poco por muchos años, dando paso al razonamiento simbólico basado en reglas de producción, lo que se conoce como sistemas expertos. (Henao, 2009, p. 04)

Henao, David. (2009). Inteligencia artificial. Argentina: El Cid Editor. Obtenido el 08 de junio de 2011, de http://site.ebrary.com/lib/unimetsp/Doc?id=10316885&ppg=1.